Una tarde de sábado cualquiera, una invitación inocente, sin lecturas entre líneas, sin segundas intenciones, conversaciones vanales, descorchar una botella, enfriar unas cervezas.
Un partido de ping-pong en wii, un baile torpe de merengue, otra botella por descorchar y un six pack de vervezas vacío. Siguen las corvezaciones, la mitad de la segunda botella y dos tragos de wisky, "me quedo, es muy tarde", "perfecto, no hay nada por qué preocuparse"...miradas insinuantes y uno que otro acercamiento, las dudas en la cabeza y el no saber si intentar algo.
Un primer encuentro, el alejarse por no saber si está o no bien el seguir, el cuerpo habla y la ropa se desparrama en el piso, susurros y miradas cómplices, seguir hasta agotar la energía y el sol nos vista.
Voltear, sumergidos en un sueño, las dudas del primer momento vuelven a aparecer y una lágrima cae, quizás de culpa, quizás pena...Volvernos a acercar, ya mis manos se conocen el recorrido y no les basta con una visita, aprenderte de memoria, seguir saboreando el placer y la culpa.
Un beso suspendido en la duda y una despedida corta.